¿Qué tiene que ver el apego con nuestro modo de ayudar a la gente? ¿No es eso del apego algo relacionado con los bebés?
Vamos a empezar recordando algunas de las típicas teorías sobre el aprendizaje que nos ayudarán a entenderlo mejor.
Según Bruner, aprender es el proceso de hacerse autónomo e independiente. Es decir, el proceso gracias al cual se necesita cada vez menos de personas más expertas que nosotros para resolver tareas.
Por lo tanto, podríamos decir que cualquier tipo de intervención psicosocial implica cierto aprendizaje para los usuarios. Aprendizaje que, una vez alcanzado, les ofrece más autonomía.
Dicho esto, podríamos asegurar que toda intervención psicosocial se basa en una relación de andamiaje. Pero, ¿Qué entendemos por andamiaje?
Seguramente hayas estudiado este concepto relacionado con el aprendizaje.
El andamiaje hace referencia a una forma de descubrimiento guiado. Mediante el cual, el docente o facilitador va llevando de manera espontánea y natural el proceso de construcción del conocimiento.
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La teoría del andamiaje de Wood, Bruner y Ross (1976) viene a ser una concreción de la zona de desarrollo próximo vygotskiana en un contexto de enseñanza. El andamio es utilizado como una seductora metáfora que sostiene que enseñar es dar soportes (andamios) al aprendiz por delante de lo que es capaz, para ir retirándolos posteriormente. El experto debe adecuar su grado de ayuda al nivel de competencia que percibe o le atribuye al aprendiz y retirar la ayuda a medida que la autonomía del aprendiz aumenta. (Fontanil, Ezama, Alonso. ¿Qué es la Psicoterapia? Pags 14-18) |
La importancia del apego
La forma óptima de construir el aprendizaje será basarlo en un ajuste adecuado y anidarlo en una relación segura de apego-cuidado.
Esa relación ha de ser susceptible de convertirse en una relación de apego seguro, aunque sea con carácter temporal.
La experiencia de que la figura de apego es accesible y responderá si se le pide ayuda, suministra un sentimiento de confianza que facilita la exploración tanto del mundo físico como del social (Bowlby, 1990).
Podemos decir que las funciones primordiales de apego son:
- Mantenimiento de la proximidad.
- Base segura desde la cual explorar el mundo.
- Refugio seguro en el que buscar consuelo y seguridad ante el peligro o la amenaza.
El profesional, igual que un papá en el parque, supone una base segura, es decir, esa persona desde la cual se exploran entornos desconocidos y a la cual se regresa en caso de miedo, cansancio o inseguridad.

Esa base segura no puede limitarse a estar ahí, debe reconfortar, animar o aconsejar siempre que sea necesario. Tratando de ayudar a los consultantes a liberarse de ese atascamiento que le genera malestar.
La figura de apego no desatasca de por sí, pero puede ser un antídoto contra el miedo a hacer las cosas de otra manera.
En resumen
Los problemas se resuelven comúnmente gracias a conversaciones con personas relativamente más expertas y/o menos angustiadas. Esas personas andamian nuestros intentos de conseguir ciertas metas y nos sirven, si es necesario, de base segura.
Esas conversaciones nos ayudan a dejar de hacer algunas cosas y a empezar a hacer otras nuevas. Nos ayudan a abandonar unos objetivos y a definir otros, a abandonar unas explicaciones adoptando otras, a desechar unos procedimientos e idear otros, a sacar partido de lo que ocurre, etc.
Si te fijas, ese proceso natural que se produce entre familiares y amigos es fundamental en cualquier relación de ayuda. Aunque evidentemente no basta sólo con eso. Los profesionales de la intervención psicosocial debemos además manejar estrategias para facilitar ese aprendizaje. Ofreciéndoles las herramientas que pueden necesitar nuestros consultantes o usuarios para alcanzar ese mayor grado de autonomía