La psicología sistémica nace para dar respuesta a las limitaciones que el modelo mecanicista determinista presenta en el estudio de los sistemas humanos.
Por un lado debe sus origines Teoría general de sistemas postulada por Ludwig von Bertalanffy (1940), biólogo y filósofo austriaco. Dicha teoría supuso un marco unificador tanto para las ciencias naturales como para las sociales, que pronto empezarían a emplear conceptos tales como organización, totalidad, globalidad e interacción dinámica. Por el otro se fundamenta en la cibernética (Norbert Wiener,1948), la ciencia que se encarga de estudiar aquello que les permite los sistemas complejos, ya sean seres vivos, sociedades o máquinas, hacer frente a las variaciones externas y presentar una respuesta adaptativa y con el objetivo de mantener el equilibrio.
De esta manera, la psicología sistémica se aproxima a la realidad explicándola a través de la relación existente entre sus elementos a los que llama sistema.
Las características de los sistemas son:
- totalidad,
- interconexión estrecha,
- circularidad,
- equifinalidad y equicausalidad,
- autoorganización.
Asimismo, los sistemas se caracterizan porque los conforman límites internos y externos, fronteras que separan la parte interna del sistema de la externa al mismo y los subsistemas en los que se los subdividen.
La comunicación en los sistemas, es mucho más que un traspaso de información. La psicología sistémica establece 5 axiomas que regulan el funcionamiento de la misma:
- La imposibilidad de no comunicar,
- que ésta puede producirse al nivel de contenido o de relación,
- que su naturaleza dependerá la puntuación en la que cada participante realice sobre lo que ocurre,
- que puede ser digital o analógica y
- puede producirse en un intercambio simétrico o complementario.
Así pues, los sistemas están en constante comunicación y permeables a influencias externas (todos en menor o en mayor medida). Para subsistir, están en permanente búsqueda de la homeostasis o del equilibrio.
En ocasiones, el síntoma que presenta el sistema es la mejor o única opción que ha encontrado el sistema para mantener el equilibrio. De esta manera, los sistémicos no se preguntan por qué tiene lugar el síntoma, si no para qué, ya que si encuentran el sentido del mismo, pueden construir con el sistema familiar alternativas al mismo e incluso buscar cambios que hagan que éste ya no sea útil.
En su consecución el profesional, que comenzará a formar parte de un nuevo sistema junto a la familia, el sistema terapéutico, forjará lo que se conoce como alianza terapéutica o andamiaje. Es decir, una relación de confianza, seguridad y colaboración que permita que se produzcan cambios sin que sean percibidos como amenazas.
Los profesionales sistémicos tratan de descubrir aquellas capacidades y herramientas que el sistema o familia posee para superar las dificultades o síntomas que se les plantean. Asimismo, se valen de intervenciones indirectas como metáforas, historias, etc. que ayudan a que la gente interprete otras posibles formas de comprender el problema y las posibles soluciones.
El profesional no debería imponer su forma de entender el mundo a los consultantes o usuarios, si no que éstos podrán encontrar sus propias soluciones, en función de su sufrimiento y de sus capacidades frente al mismo.
A pesar de que pueda hablarse del pasado, de la familia de la que se proviene, problemas anteriores, etc. las intervenciones tendrá como objetivo el presente y la mirada puesta en producir cambios en el futuro.
El profesional sistémico debería ser flexible y adaptar la metodología y sus herramientas a las necesidades, capacidad y filtros (marcos referenciales) del sistema o familia.
Para ello, no pueden afectar los juicios de valor del profesional, debe aceptar a la familia tal y como es, sin culpabilizarla y sin juzgarla, y tratar de acompañarla en encontrar aquella solución que resulte más útil y adecuada para la familia, más allá de las preferencias del profesional.