La idea, aunque resulte paradójica, es ser una persona directiva utilizando técnicas y sugestiones indirectas.
Directiva en cuanto a conseguir que la gente haga cosas y bloquee pautas antiguas que mantienen el síntoma. Para ello es preciso asignar tareas y formular sugestiones que se limiten a aflojar las rigideces de la persona en la medida que sea necesario para que emerjan formas diferentes de pensar y actuar que le ayuden a eliminar el síntoma.
Sin embargo es necesario ser muy indirecto en cuanto a la manera en que las personas vivirán sus vidas una vez suprimida la sintomatología.
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Circula una historia por ahí, protagonizada por Milton Erickson, que ejemplifica muy bien esta idea:
De vez en cuando el caballo salía de la carretera y continuaba por el campo. Erickson simplemente le hacía regresar a la carretera. Después de unos seis kilómetros el caballo entro en un corral. El granjero se acercó y le dijo: “Hola muchacho, ¿Cómo sabías que ésta era su granja?” A lo que respondió: “No lo sabía, el caballo lo sabía. Todo lo que hice fue mantener su atención puesta en el camino”. |
Relatos terapéuticos
Erickson era muy aficionado a utilizar este tipo de historias o cuentos en sus intervenciones, era su modo de influir de forma indirecta y hacer sugestiones, de manera que cada cual pudiese interpretarlas según su propio marco de referencia o forma de entender el mundo.
Sidney Rosen recopiló algo más de un centenar de relatos de Erickson y los transcribió literalmente, agregando sus interpretaciones y comentarios en el libro "Mi voz irá contigo. Los cuentos didácticos de Milton H. Erickson" (Rosen, 1886)". Un libro que además de ser tremendamente didáctico e inspirador para nuevos terapeutas, resulta de lo más entretenido.
Si disfrutas de este tipo de lectura, no te pierdas el libro "Amenazan con quererme" de Valentín Escudero, o sigue su blog Literapéutica.
Un día, el pequeño Erickson regresaba de la escuela y se encontró un caballo. El animal estaba perdido y sudaba abundantemente. Una vez hubo calmado al caballo, Erickson saltó al lomo y dijo ¡Arre!, dirigiéndolo a la carretera. El caballo trotó y galopó.